martes

Lo que queda





Lo que queda es
la sensación de haber sido,
la ilusión de habernos reflejado
el uno en el otro.

Lo que pesa es la duda,
el constante interrogante 
de saber si volverás,
si volveremos a ser.

Lo que queda es
un corazón boca abajo
con los ojos mirando al vacío.

Lo que queda es
esta absurda canción 
que se repite.
Y no puedo pararla
ni subir el volumen
porque ni siquiera sé
de dónde viene la música.

Quedan
los hombros pidiendo auxilio,
los niños gateando
por la espalda de la madrugada,
la misma calle deshabitada
en el regreso a casa.

Queda la luz tenue,
siempre a punto de apagarse,
alumbrando una herida
que nadie lame.

Queda lo bello, lo raro, lo auténtico.
Y el miedo (el terror) a que nada de eso exista.
Queda lo que sabemos
que vamos a perder de nuevo,
un cielo azul que nadie mira,
una esperanza en una caja de cerillas.

Lo que queda es
la palabra dentro
y el cuerpo fuera,

y yo

en medio.

Yo,
que solo necesito una señal
para quedarme.



sábado

La imagen se repite constantemente



No quedan voces,
sólo un maullido
que nace entre los escombros.

La niña, 
en la habitación a oscuras,
abre sus manos diminutas
aguardando el milagro.

El agua cae en la ducha.
Cada gota
supone un segundo más.
El tiempo no deja de enseñar 
sus colmillos.

Las armas reposan
a los pies de la cama.
Pero no, 
no tiene el valor suficiente.
Las armas no son para los valientes,
son para los que tienen miedo.

La imagen se repite constantemente:

Volver al kilómetro cero
con otro tú distinto,
volver sin saber
cómo nombrarlo,
con un verbo virgen
en los bolsillos.

Volver 
a convertirme en ausencia,
volver a matar con palabras
cada uno de los monstruos
que hay debajo de la cama.
Volver a dejar que los perros
ladren en mi piel
cada madrugada.
Volver a latir bajito,
aunque no se oiga,
aunque ya nada signifique nada.
Volver a acumular
en un paraguas
arena de playa.

Sé que después de esto
nadie encontrará en mí el regreso.
Se convertirá mi cuerpo
en el mapa de la despedida.

Sé que después de esto
la imagen volverá a cobrar vida:

La mano que se suelta
de otra mano.

El punto de luz
vibrando
en la distancia.